“El mismo ha sido debatido y trabajado por numerosos actores,es el resultado de muchos años de trabajo dentro de Federación Agraria Argentina”, declaró Barchetta.
El proceso de selección de semillas comenzó cuando nuestros pueblos se organizaban en forma sedentaria y a fines del siglo IXX, aparecieron los primeros cruzamientos de variedades silvestres. Es por eso que el fitomejoramiento de las semillas ha sido desarrollado por nuestros mismos productores.
“Este proyecto profundiza los conceptos y alcance de la actual ley de semillas, afirmando expresamente que la democratización del conocimiento sea de orden público. Debemos consolidar el rol del Estado en un tema tan vital para la producción agroalimentaria y soberanÃa fitogenética de nuestro paÃs, en un mundo que cada vez más reclama alimentos”, añadió Omar Barchetta.
“Se debe ampliar la mirada, tener una visión más integral y sistémica, que tenga en cuenta una nueva etapa en el desarrollo de la biotecnologÃa en nuestro paÃs, superando la situación actual que está determinada únicamente por el interés económico y comercial de algunas empresas multinacionales que pretenden ejercer un monopolio, atentando contra el progresismo del sector”, expresó el diputado socialista.
La humanidad no solo se enfrenta al desafÃo de aumentar la producción agroalimentaria en forma sustentable, sino también en cómo se distribuye mejor la producción de alimentos, contemplando al sujeto agrario con la finalidad de erradicar el hambre y la indigencia. Este proyecto reconoce la necesidad de incorporar nuevas tecnologÃas a las semillas, y que el Estado sea quien incursione a través del INTA en investigación para el desarrollo y sostenimiento de la soberanÃa alimentaria de nuestro paÃs.
El proyecto de ley establece que el agricultor podrá reservar y usar libremente en su propia explotación, y sin lÃmite de volumen, cualquier variedad vegetal inscripta, solo cuando dicha reserva y uso provenga de la multiplicación de semilla legalmente adquirida y esté destinada por el agricultor a ser sembrada exclusivamente en su propia explotación y para su propio uso.
"Se reconoce la tecnologÃa y se pretende pagar por ella en el momento de adquirir la semilla legalmente fiscalizada, pero no se debe permitir que la incorporación de tecnologÃa sea a expensas del uso propio gratuito que es un derecho irrenunciable de los agricultores, pretendiendo de esta manera las empresas multinacionales cobrar regalÃas extendidas, porque si asà fuera se estarÃa corriendo el eje del debate", señaló Barchetta.
Un proyecto de semillas debe legislar en forma conjunta al germoplasma y a los eventos tecnológicos que contemplen la semillas, a los efectos de evitar que la tecnologÃa se legisle a través de la ley de patentes, cosa que las empresas multinacionales desean, para luego tener derechos sobre los procesos productivos e industriales posteriores a la semillas, como puede ser harina, aceites, carnes.
“Dentro de un marco de equidad e inclusión social y contemplando al sujeto agrario, trabajemos por un paÃs que no resigne soberanÃa”, concluyó Omar Barchetta.





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