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Las cabras del rabino

sábado, 2 de abril de 2016 | 11:52

Por Miguel Angel
Santos Guerra.  
Todas las personas, todos los grupos humanos, todos los países atraviesan etapas difíciles. A veces, muy difíciles. A veces, muy largas. En la vida y en la historia hay tiempos de bonanza y tiempos de conflicto.  Hay tiempos de tranquilidad y tiempos de crisis. Cuando tenemos etapas prolongadas de bienestar, pensamos que algo malo puede truncarlas.

¿Cómo superar esas etapas complicadas en que la dificultad se adueña de la vida? ¿Cómo salir de ese túnel en que falta el aire y todo está oscuro? Es en la dificultad donde las personas muestras su fortaleza y su verdadera inteligencia.

Los docentes pueden atravesar etapas complicadas a lo largo de su trayectoria profesional. Se pueden encontrar con políticos incompetentes, directores e inspectores tóxicos, alumnos apáticos o ingobernables, colegas conflictivos, familias hostiles, fracaso en las pretensiones, sensación de incompetencia, desaliento ante las nuevas exigencias, agotamiento sin límites, incipiente o acrisolada depresión…

Me he imaginado muchas veces la sensación de frustración que tiene que sentir un docente que es incapaz de hacerse con la clase,  de mantener el orden y de conseguir una mínima atención de sus alumnos y alumnas… Me lo imagino yendo cada lunes al Colegio o al Instituto arrastrando el alma por el suelo… Como iba aquel condenado a muerte un lunes camino del cadalso diciéndose a sí mismo: “mal empiezo la semana”-¿Cómo sale del túnel si no tiene fuerzas para caminar?  ¿Quién lo ayuda?

He pensado muchas veces en los jóvenes docentes que han llegado a las aulas cargados de ilusiones y de buenas ideas y  que se han estrellado contra grupos que no solo no están dispuestos a aprender sino que tienen como propósito hacer la vida imposible a quien pretende enseñarles.

Imagino el caso de un exitoso opositor que acaba de aprobar las intrincadas pruebas y que, en su primer año, ve cómo el castillo de sus sueños es derribado por el viento huracanado de los desprecios recibidos en el aula, de la hostilidad de las familias y de la indiferencia del claustro. ¿A dónde puede ir si acaba de hacerse funcionario in  saecula saeculorum?

Una de las estrategias que ayudan a superar la dificultad es pensar que, por muy difícil que sea la situación, siempre podría ser peor. Hay que ser inteligentes para poder dinamitar la tristeza. Una buena dosis de ingenio y de sentido del humor pueden ayudar a salir de los momentos difíciles.

Leí hace tiempo un curioso relato en uno de los numerosos libros de Eduardo. Se titulaba “100 poderosos impulsos positivos par vivir mejor”. Reproduzco  la historia con los inevitables matices de in fidelidad que impone la memoria.

Un campesino judío con muchos hijos, tras sequías repetidas y sin medios económicos, dijo al rabino de su aldea que quería suicidarse parque la vida le resultaba insoportable.

- ¿Quieres seguir un plan para cambiar de opinión y ser más valiente ante la vida?, le preguntó el rabino.
- Sí, le prometo hacer cuanto me diga, dijo el campesino.

El rabino, entonces, le aconsejó:

- Cómprate una cabra y llévala a vivir a tu casa.
- ¿Cómo puedo convivir con un animal así y exponer a toda mi familia a sus molestias? Además, tengo que gastar un dinero del no dispongo para necesidades apremiantes.
- Hazlo así y ven a verme la próxima semana.

Así lo hizo el labriego y a la semana siguiente acudió desesperado a ver al rabino.

- No es posible vivir con un cabra. Todo ha empeorado.
- No te inquietes, repuso el rabino. Esto es solo una parte del plan. Cómprate otra cabra y haces lo mismo esta semana.

Pidió dinero prestado a sus amigos, compró la segunda cabra y, muy angustiado, volvió una semana después, más resentido  y amargado que nunca.

- Confía en mí y triunfarás. Haz una cosa. Llévate una tercera cabra a tu casa y la próxima semana ven a verme.

Nuestro hombre, en el límite de su desesperación, volvió dispuesto a decir que no seguiría más esos absurdos consejos. Y el rabino de dijo:

- Ahora te queda la parte final. Vende una cabra, recupera el dinero  y ven a verme la próxima semana.

Pasado el plazo, informó de que se notaba más paz en su casa con una cabra menos, El rabino le sugirió que se deshiciera de la segunda cabra. Una semana después, el labriego consideró que era más tolerable vivir con una sola cabra y, cuando recibió el consejo de vender la tercera cabra, al volver confesó:

- Qué tranquilos y felices somos hoy en casa al estar sin cabras. La vida es maravillosa ahora.

El rabino, entonces, dijo:

- Ninguna contrariedad es tan grande como suponemos al principio. No hemos de desesperar nunca. ¡Siempre hay una situación peor!

Al cantar las excelencias de la profesión docente, no tenemos en cuenta muchas veces que hay profesionales que los pasan mal, que hay personas que sufren en el ejercicio de esa tarea, en sí excelsa pero también compleja.

No es fácil optar por el abandono, dado el alto costo que supone acceder a un puesto de trabajo y, más aún, si tiene esa persona es funcionaria. No es fácil tampoco  reconocer de manera definitiva el fracaso y arrojar la toalla.

Recuerdo la hermosa película de Bertrand Tavernier “Hoy empieza todo”. El título, según manifiestan los guionistas, se debe a la búsqueda de una expresión que fuese lo más alejada de la ficción, lo más opuesta al “Erase que se era…”. La película cuenta la historia de una escuela infantil, situada en los alrededores de París. El Director de la escuela, encarnado por el actor Phillipe Torreton, que pasó seis meses en una escuela infantil para conocer su estructura y su micropolítica, atraviesa una crisis que le lleva a la tentación del abandono.

- “No puedo más”, es la expresión que utiliza, si mal no recuerdo.

En los brazos de su pareja encuentra las fuerzas y la idea de la superación: “organiza, le dice ella, una fiesta en la escuela que cambie todos sus grises por música y color”. Y así sucede. El Director resurge de las cenizas de su desaliento.

Entregarse a la derrota, capitular ante las adversidades, abandonar el empeño, nos deja instalados en la tristeza y el pesimismo. Creer que se puede superar la crisis,  luchar para salir de esa situación y encontrar el camino de la ilusión y de la alegría resulta fundamental no solo para la persona en crisis sino para los alumnos y las alumnas.

Los túneles, por definición, tienen entrada y salida. El problema es sentarse en el medio lamentando que todo esté tan oscuro y llorando porque no se respira fácilmente.  Creer que se puede salir es la mitad del camino de salida.

Publicado en http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/ el sábado 2 de abril de 2016.
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