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| Por Jorge Cadús. |
"Lo más jodido es la vuelta", me dijo hace un tiempo un inundado. "Y el agua que vuelve a mojarte las patas por las noches", me confesó.
En los primeros dÃas de febrero, la postal de una región sometida al clima y sus designios apareció en el relato de muchos medios de difusión. Y trazó la pesadilla de las barriadas de los pueblos del sur santafesino.
El agua -otra vez- recorriendo su delta de abismos: de los sembradÃos, en los infinitos canales improvisados para salvar los granos, a los arroyuelos que claramente no están preparados para ese desagüe informal; de ese desborde a los caminos rurales, a las callecitas de los arrabales del pueblo, a traspasar puertas y anegar viviendas.
El mapa se traza solo a partir de las urgencias.
En Santa Teresa, después de 350 mm caÃdos se desbordaron canales, y el personal de Bomberos Voluntarios y la Comuna local se movilizaron en un intento -primero- de contener los niveles de agua en varias viviendas, y luego en los trabajos de evacuación de familias en diferentes barrios de la localidad. El centro de evacuación se improvisó de emergencia en el Salón Comunitario, donde llegaron alrededor de cincuenta personas.
Fue el flamante jefe comunal, Javier Menotti, quien recordó que el casco urbano se vio afectado recientemente por desbordes en la zona rural.
En forma paralela, en el sector norte de la localidad de Máximo Paz, en el popular barrio Francesio, la situación era previsiblemente similar.
El alto nivel del agua arrastrado a partir de la red de canales agrarios -muchos de ellos clandestinos- desembocó en los caminos rurales, anegándolos, e invadiendo en un recorrido lógico las calles y las viviendas de la localidad.
El Centro de Jubilados paceño funcionó como centro de evacuación, recibiendo al centenar de damnificados, al tiempo que recreó una red de solidaridad y contención que en pocas horas contaba ya con colchones, frazadas y ropa necesaria.
El presidente comunal, Iván Camats, insistió con un reclamo de años: "de haberse realizado las obras hÃdricas que se necesitan en la región el impacto hubiese sido menor". Y recordó que "hay un proyecto realizado, donde falta la aprobación del Ministerio de Aguas de la provincia de Santa Fe para la puesta en marcha".
El mapa sigue. Se extiende.
General Gelly aislada a raÃz del desborde del arroyo en el puente interprovincial, única vÃa pavimentada con que cuenta esa localidad. La Vanguardia en una situación análoga: los puentes que la unen con Cepeda y Coronel Bogado estaban cubiertos por el agua.
Pavón Arriba tapado por el agua. Alcorta sin evacuados, pero con el agua en el mismo umbral de la desolación. Arroyo Seco sin evacuados pero con dificultades en el tránsito. Firmat con hogares anegados después de 225 milÃmetros de lluvias. Venado Tuerto con numerosas familias evacuadas.
Peyrano, Cañada del Ucle, Elortondo, Bombal, Coronel Bogado, J.B. Molina, Godoy y otras localidades del sur provincial con una situación repetida, un escenario de urgencias, corridas, pérdidas y desazón.
El panorama era equivalente en otras localidades como San Gregorio, MarÃa Teresa, Carreras, Murphy y Chovet, entre otras, donde el promedio de lluvia caÃda pasó la barrera de los 250 milÃmetros.
Desde varios medios se explicó claramente que "si bien la gran cantidad de agua caÃda en poco tiempo fue el principal factor para hacer colapsar el sistema de desagües en las comunidades afectadas se sumó el aporte hÃdrico de los campos cuyas tierras tienen cada vez menos capacidad de absorción debido a la siembra directa".
Calles invadidas por el barro; ramas enteras y árboles caÃdos; cortes de energÃa eléctrica que comprometen seriamente los artefactos domésticos y en no pocas ocasiones ponen en juego las mercaderÃas de los comercios; arterias céntricas anegadas a los diez minutos del comienzo de la lluvia, con el agua de cordón a cordón; casas que sufren la inundación repetida en cada tormenta; postes del alumbrado eléctrico arrancados por el viento; rutas cortadas por el agua; canales internos desbordados en los campos sojeros; caminos rurales intransitables a partir de la segunda huella trazada.
La postal de la región después de cada tormenta de mayor o menor intensidad deja al descubierto el modelo productivo instalado en la región: una tierra y su gente que produce, exporta, se empobrece y queda en el olvido de las polÃticas públicas que generen seguridad a la población y mejor calidad de vida.
Postal que descubre la deuda abierta de una democracia que acaba de cumplir sus treinta años, y cuyos gobiernos -de distinto signo- no fueron capaces ni tuvieron la voluntad polÃtica de revertir la desigual distribución de la riqueza en la provincia "invencible", y desmiente la responsabilidad de los alertas meteorológicos y los cambios climáticos a la hora de explicar las razones del desastre.
Es verdad que hay una tierra saqueada, lavada y contaminada. Una tierra enferma que se sacude, incómoda y molesta. Es verdad que hay un clima que crece en ferocidad, una naturaleza que reacciona y vomita su venganza en temporales y arrebatos. Pero es verdad también que falta un proyecto polÃtico para la producción de cara al futuro, la obra pública y el desarrollo de las comunidades; que es necesaria una mirada previsora e inteligente que genere y aplique esas polÃticas; que hay que terminar con el negocio chiquito de facturar seis para comprar cuatro y concretar dos.
Durante los meses que van de enero a octubre del 2013, Santa Fe generó exportaciones por más de trece mil millones de dólares (la cifra asusta: u$s 13.685.888.587). Los rubros destacados son los cereales y oleaginosas; y las manufacturas de origen agropecuario.
En una región que genera gran parte de esas exportaciones no pueden existir pibes que pierden sus camitas por la lluvia, ni familias sin techos, ni mercaderÃa que se pudre porque "la luz no vuelve".
Las cifras están ahÃ. Para desnudar la hipocresÃa del modelo. De acuerdo a los primeros datos provisorios que hizo públicos el gobierno provincial en octubre del 2013, el Producto Bruto Geográfico de Santa Fe, en términos de "precios corrientes", se ubica alrededor de los $ 200.722.459. Esa cifra representa algo asà como 62.061 pesos anuales per cápita, esto es, promedio por habitante.
Sin embargo, esa cifra es apenas un dato estadÃstico, que en contraste con la realidad se vuelve mentirosa. Porque es una cifra que está demasiado lejos de los bolsillos y las urgencias, individuales y colectivas, que padecen los habitantes de la región.






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