Una institución permeable

Por Miguel Angel Santos Guerra.  
Me preocupa que la escuela sea una institución cerrada, de espaldas a la realidad, ajena al entorno, desvinculada  del contexto, ensimismada en su rutina… Me inquieta que se convierta en una campana de cristal, aislada de la vida, de los problemas, de las ocupaciones y de las preocupaciones  de la gente.

La permeabilidad es la capacidad que tiene un material  de permitir a un flujo que la atraviese sin  alterar su estructura interna. Para que haya permeabilidad hacen falta tres requisitos: porosidad del material, densidad adecuada del fluido y presión a la que estĆ” sometido el lĆ­quido…

Para ser permeable, el material debe ser poroso, debe contener espacios vacĆ­os o poros que le permitan absorber el lĆ­quido. Es  decir, que si la institución es rĆ­gida, inflexible, dogmĆ”tica y cerrada, no hay posibilidad de que entre nada en ella. Tampoco es posible que salga de ella nada de valor. A su vez tales espacios deben estar interconectados para que el fluido disponga de caminos para pasar a travĆ©s del material. Esas interconexiones son las necesarias coordinaciones entre docentes, cursos, niveles… Cuando hablo de la densidad y de la presión del fluido  me refiero a la calidad pedagógica y Ć©tica de lo que entra y sale de la escuela a travĆ©s del proceso de permeabilidad y tambiĆ©n al ritmo de entrada y salida…

La permeabilidad de la escuela tiene un doble sentido. La escuela sale de su ensimismamiento al encuentro de la realidad, de la vida, de la sociedad, de otras experiencias. Y la sociedad entra en la escuela para llevar las preocupaciones, los problemas, las necesidades, las oportunidades de formación.

El curriculum de la escuela tiene que tratar de la vida, del mundo, de las cosas, de los problemas, de las realidades, de lo que pasa, de la actualidad, del entorno. No puede ser un conjunto de datos inertes que nada tienen que ver con lo que sucede.

Voy a referirme a dos experiencias de permeabilidad. Una que parte de la escuela hacia el exterior y otra que parte del exterior hacia la escuela.

Vayamos a la primera. Hace aƱos fui Director de un Colegio en Madrid. Cuatro aƱos invertidos en una experiencia inolvidable. Aun recuerdo al niƱo que cruzó la puerta y se convirtió en el primer escolar de la institución. Recuerdo su cara, su sonrisa, su peinado… y su emoción cuando le dije:

- Adelante, vas a ser el primero en atravesar la puerta de este nuevo Colegio. No sabemos cuƔntos miles y miles entrarƔn despuƩs de ti.

Sobre mi primer aƱo como director escribĆ­ un libro titulado “Yo te educo, tĆŗ me educas”. Un libro en el que cuento no solo lo que hacĆ­amos sino los sentimientos y emociones que suscitaban los proyectos, las actividades y las relaciones. Hay tambiĆ©n muchas preguntas. Tantas, que el libro estuvo a punto de titularse asĆ­: “Preguntas y respuestas y preguntas…”.

Una de las preocupaciones del claustro era que el Colegio no fuese un gueto en el barrio de El Pilar, donde estaba enclavado. Queríamos que fuese parte del barrio y el barrio parte del Colegio. Pusimos en marcha una iniciativa consistente en invadir pedagógicamente el entorno del Colegio.

Eran otros tiempos. La seguridad no preocupaba en la forma que hoy. Y eso me lleva  a preguntarme por el sentido que estĆ” teniendo el progreso. ¿Mejoramos? Las ciudades se han vuelto lugares inseguros, en los que no se puede fiar nadie de nadie. Hoy casi no es ni imaginable aquel despliegue de niƱos y niƱas solos circulando por el barrio e invadiendo tiendas, farmacias  y bancos. Francesco Tonucci me darĆ” la razón.

Previamente hablamos con los responsables de una farmacia, una pescaderĆ­a, una droguerĆ­a, una ferreterĆ­a,  un banco, una Iglesia, una panaderĆ­a, una fruterĆ­a, un mercado,  un estanco… Les pedimos que aceptasen a tres niƱos o niƱas que iban a pasar con ellos unas horas de la maƱana para observar y hacer preguntas.

En las clases les pedimos que observasen lo que sucedía en el lugar de destino y que llevasen preguntas escritas. Con lo visto y oído tenían que hacer un informe para comentarlo en la clase. De esa manera, se ejercitaban en la observación, en la entrevistan, en la escritura.

Formulaban las preguntas todos los alumnos y alumnas de la clase.

- ¿QuĆ© querĆ©is saber de una fruterĆ­a?, preguntaba, por ejemplo, el coordinador de un grupo.

Los compaƱeros iban desgranando su curiosidad: ¿cuĆ”nto vale un kilo de naranjas, de peras, de pepinos…?, ¿quiĆ©nes entran a comprar?, ¿cuĆ”nto gastan?, ¿cómo visten?, ¿de quĆ© hablan?, ¿cómo se comportan?….

En general las personas a las que pedíamos colaboración se mostraban complacientes y facilitadoras. A todos ellos les entregamos los informes que habían realizado los alumnos y alumnas. El docente acudía a los lugares de prÔcticas para agradecer la ayuda y para preguntar por la actuación de los alumnos y alumnas.

Las fiestas del Colegio ocupaban una semana de actividades. Los bomberos llenaban el patio de espuma para que los niƱos y niƱas se movieran felizmente en ella. Otra actividad que implicaba a las personas del barrio fue acordonar las calles para que los niƱos pintasen, por parejas, un metro cuadrado  seƱalado en el suelo.

Creo que es muy importante que el barrio considere suyo el centro educativo y que el centro considere que el contexto en el que se enclava es importante para que se conozca la realidad.

Me referiré a continuación a la segunda experiencia de permeabilidad. Una experiencia que va desde fuera hacia dentro de la escuela. En un Colegio Público de Albolote, los padres (en su mayoría albañiles) construyeron una casita en el patio del colegio.

Los niƱos y las niƱas ayudaron en las faenas de la construcción y luego utilizaron la casita para realizar en ella actividades relacionadas con las tareas domĆ©sticas. Publicaron dos libros: sobre la experiencia: “La casita” y “Juegos para la casita”.

Los padres albaƱiles construyeron tambiĆ©n un magnĆ­fico Parque Infantil de trĆ”fico, llamado “Albolut”. Con sus plazas, calles, pasos de peatones, semĆ”foros… y con reproducciones de los edificios mĆ”s emblemĆ”ticos de la ciudad: el mercado, el ayuntamiento, la iglesia, una casa tĆ­pica… En Ć©l practicaban los niƱos y las niƱas (de ese y de otros centros) actividades de educación vial. TambiĆ©n sobre esta experiencia se publicó un interesante libro.

Visité estas instalaciones con mis alumnos de la Facultad y tuvieron ocasión de intercambiar ideas y preguntas con Mercedes e Isabel, inspiradoras de estas iniciativas.

La permeabilidad hace que la escuela reciba el fluido de las aportaciones que vienen desde el exterior y, a su vez, permite que la escuela busque en el entorno aquella riqueza educativa que la haga actualizarse y aprender. Para ello es necesaria una actitud cooperativa, un diƔlogo sincero y profundo y un espƭritu crƭtico que permita valorar las experiencias desde un prisma autƩnticamente educativo. De esta forma tendrƭamos una escuela para una sociedad mejor y una sociedad para una escuela mejor.

Publicado en http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/ el sĆ”bado 30 de abril de 2016.

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