Melincué: mientras baja la laguna, esperan a la Nación por estaciones de bombeo y alteo de la 90



Tras conocerse en las últimas horas que la laguna de Melincué continúa bajando su nivel (descendió más de 60 centímetros hasta el momento) el pueblo aguarda la definición del Gobierno Nacional para modernizar las estaciones de bombeo (1 y 2) por $82 millones. También esperan respuesta de la gestión de Cambiemos para a efectuar el alteo definitivo de la ruta 90 en su parte sur, que a su vez servirá para defender al casco urbano.

Además se encuentra casi culminada la consolidación del anillo de contención perimetral (norte) y se estudia realizar en esa zona una especie de “senda de salud”. A modo de anticipo, fuentes cercanas al gobierno santafesino, dijeron que está en etapa de estudio un proyecto para “embellecer” la defensa con iluminación, sendero de paseo y posible colocación de estructuras para realizar ejercicios.

En suma, las dos obras son vitales para el futuro del pueblo: el “aggiornamiento” de las estaciones de bombeo -que dicho sea de paso saldría del fondo fiduciario de los combustibles- y el alteo de la ruta 90 a una cota adecuada para que actué de anillo de contención, o de “dique”.

Es que ambas propuestas, permitirían disfrutar de la laguna en modo seguro y que tenga los menores vaivenes cíclicos en altura. Es decir, que el ejido urbano esté preparado para eso y que las próximas crecientes sean “pasajeras”. Son medidas de “capital importancia” para el futuro inmediato y a largo plazo de Melincué.



El desafío político

El recientemente electo presidente comunal, Andrés Sacchetto, creció con la leyenda de lo que había sido la laguna y su mayor auge, entre 45 y 50 años atrás. Sabe bien lo que Melincué fue para toda la zona y se crió con las viejas historias del hotel, hoy en ruinas. Y fundamentalmente lo que podía llegar a ser actualmente el pueblo, sobre todo como espejo de agua en medio de la pampa y las potencialidades que podría brindar.

Al recorrerla en lancha, se aprecia lo variado del ecosistema y lo imponente que resulta la naturaleza. Pero paradójicamente, para quienes están del otro lado de la ruta 90, supo hacerles pasar las peores horas de su vida: la época de la máxima inundación de la cual están saliendo.

Para los que no conocen, la laguna es una cuenca cerrada. Es un hundimiento endorreico emplazado en el terreno, cuyo tamaño supera los 110 kilómetros cuadrados de superficie. Según mediciones, su “pelo de agua” se encuentra casi a 86 metros sobre el nivel del mar. El sonar durante el verano del 2018, detectó la profundidad mayor a una distancia de 12 metros.

Si se sobrevuela o se ve en maqueta, se nota una gran cuenca donde cae por nivel natural toda el agua de los campos de alrededor. Esto hace que sea necesario controlar el egreso del agua (que es lo que más apura hoy), pero también el ingreso, sobre todo de los canales clandestinos.

Para Sacchetto, todo se resume en una palabra: “Esperanza”. Porque después de mucho tiempo, los vecinos lograron entender dónde estaba el norte, comprendiendo a dónde se quiere ir y que se puede encontrar ese camino. “El problema es cuando uno está perdido en medio de la nada y no sabe dónde está el rumbo. Entonces vamos a caminar en círculos, volviendo al mismo lugar”, dijo.

El Presidente Comunal, entiende que esto sucedió por mucho tiempo, equivocándose las decisiones varias veces en ese sentido: “Lo hicimos varios años, tropezando con la misma piedra. Hay una canción que dice que el hombre es el único que tropieza dos veces con la misma piedra (N de la R: la más conocida es de Julio Iglesias). Nosotros desde la gestión y de convocar a gente idónea, vamos a tratar de no tropezar con la misma como hicieron gestiones anteriores”, agregó.

Y aseguró: “Desde la Comuna si eso pasa, de no equivocarnos, estaríamos satisfechos. Estamos convencidos que lo vamos a logar. Por eso nos metimos en política y quisimos participar”.



Memorias

El viejo hotel de Melincué se inauguró en la década del 30. Para ese entonces, la altura de la laguna era de unos seis metros más debajo de los registros actuales. Fue un complejo de la elite que veraneaba en esa época.

Estaba situado en una isla en el medio del agua unido al continente por un pequeño camino, que le daba forma de península. Había por ejemplo estación de servicio y usina eléctrica. Por el pueblo pasó el turismo del sur de Santa Fe, norte de la provincia de Buenos Aires, parte de Córdoba y La Pampa.

Todos conocían el esplendor del hotel, que por cuestiones de no programar bien lo que iba sucediendo (dicen los que saben que fue por políticas públicas que no se anticipaban a los procesos naturales), se inundó. Algo así como Epecuén, que tan bien fue descripto en el libro “El agua mala”, de Josefina Licitra.

Para Sacchetto, es importante aunque quede un solo ladrillo en pie, recordar lo que fue Melincué para respetarlo y recordarlo. “Hoy es otro el turismo, otras las aguas. Tenemos la obligación de pensar en algo distinto a lo que fue, en algo nuevo, mejor y superador”.

Guardafaunas, por primera vez en la historia



Desde que los pobladores más antiguos tienen recuerdos, en la historia de Melincué nunca hubo un equipo especializado que patrullara la zona para cuidar el ecosistema. Por eso, una de las metas de la actual gestión comunal apenas asumieron, fue la de crear un cuerpo de “Guardafaunas”. Parte de esta idea de cuidar el recurso natural, tiene que ver con que la laguna descendió a valores históricos su concentración de iodo (o yodo), lo que facilitó la proliferación del pejerrey.

La especie, encontró un hábitat adecuado para reproducirse. Una de las mejores en su tipo para esta pesca. Por ende, Melincué va a estar abierto “al país”, pero bajo determinadas leyes que deben ser respetadas. Que la gente vaya, disfrute, pero que cuiden para que el recurso se pueda extender en el tiempo.

El nuevo esquema de servicios, que se irá poniendo en marcha paulatinamente, incluirá baños químicos, muelles y seis guardafaunas que patrullarán las 24 horas, tanto la costa desde Melincué, como de otras localidades. Las innovaciones también incluyen un registro de usuarios de los recursos de la laguna (guías, baqueanos, empresas de turismo, entre otros), el otorgamiento de carnets para desempeñar actividades lucrativas en el espejo de agua; como así también un control estricto del número de piezas pescadas y el tamaño.

La fuerte apuesta a la preservación del recurso pesquero y de los recursos naturales, quizás tenga como medida emblemática la entrega, a cada embarcación, de una bolsa de residuos que obligatoriamente los pescadores deberán entregar a los guardafaunas al finalizar la jornada y retirar las embarcaciones.



Nota: Pablo Rodríguez/Transmedia Venado Tuerto